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Monday, November 27, 2006

A Ramón J. Velásquez, 90 años, suprema luz y vida


Donde la patria empieza o se termina
toda, no cabe más que la palabra
hermano, lumbre para hacer la harina
con la que el sueño su espesura labra.

Hermano para alzarse en la colina
y rogar a la vida se nos abra
de par en par en claridad andina
hasta que algún lucero se entreabra.

Hermano en altibajos y alegrías
y en el canto febril de la belleza
y en la mesa frugal de la labranza.

Hermano en las tristumbres y acedías
y en el grito feroz de la pobreza
y en la desolación de la tardanza.

Pablo Mora

28 de noviembre de 2006

Monday, November 06, 2006

Hitos fundamentales de una trayectoria vital

Fotografía: Ramón J. Velásquez. Caracas, c. 1986. Fuente: J. J. Villamizar Molina, Historia del Salón de Lectura, Ateneo del Táchira, 80 aniversario. Caracas: Presidencia de la República, 1986, p. 68


Investigación y redacción:
Ildefonso Méndez Salcedo
ildefonsomendez@yahoo.com


NACIMIENTO

En San Juan de Colón, Estado Táchira, el 28 de noviembre de 1916. Hijo del matrimonio formado por Don Ramón Velásquez Ordóñez y Doña Regina Mujica de Velásquez, distinguidos educadores tachirenses.

ESTUDIOS PRIMARIOS Y SECUNDARIOS

Recibe las primeras lecciones en el hogar formado por sus padres, primero en San Juan de Colón y luego en San Cristóbal, ciudad donde se establecen en 1920. Asiste a un kindergarten creado por su madre con la maestra Flor María Román. Cursa la primaria en la escuela anexa al Liceo Simón Bolívar. Estudia bachillerato hasta el tercer año en el Liceo Simón Bolívar. En 1934 se traslada a Caracas para proseguir sus estudios en el Liceo Andrés Bello. Dos años más tarde se recibe de Bachiller en Filosofía y Letras con un trabajo titulado El Táchira y su proceso evolutivo.

ESTUDIOS SUPERIORES

En la Universidad Central de Venezuela cursa la carrera de Derecho hasta recibirse de Doctor en Ciencias Políticas (1942), presentando como trabajo de grado un texto titulado: Calidad de la responsabilidad ministerial: responsabilidad política de los ministros y la Constitución venezolana. Al año siguiente, la Corte Suprema de Justicia le otorga el título de Abogado. Debe recordarse una experiencia intermedia: su regreso y permanencia en San Cristóbal (1940-1942) para inscribirse en la Escuela de Derecho creada en la Sociedad Salón de Lectura y acudir a la Universidad de los Andes (Mérida) donde se presentaban los exámenes reglamentarios.

MATRIMONIO

Contrae nupcias con Doña Ligia Betancourt Mariño con quien procrea cuatro hijos: Ramón Ignacio, Regina Esther, José Rafael y Gustavo Luis.

ACTIVIDAD PÚBLICA

• Secretario de la Corporación Venezolana de Fomento (1948).

• Secretario General de la Presidencia de la República (1959-1963).

• Presidente de la Comisión Redactora del Proyecto de Ley que crea la Corporación para el Desarrollo Económico de los Andes, CORPOANDES (1961).

• Ministro de Transporte y Comunicaciones (1969-1971).

• Senador principal por el Estado Táchira (1959-1964, 1974-1979 y 1984-1989).

• Presidente de la Comisión de Política Exterior del Congreso Nacional (1974-1979).

• Presidente de la Comisión Bicameral Especial para la Celebración del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar (1982-1984).

• Presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, COPRE (1984-1986).

• Presidente de la Comisión Presidencial para Asuntos Fronterizos Colombo-Venezolanos, COPAF (1989-1992).

• Miembro del Consejo Consultivo de la Presidencia de la República (1992).

• Presidente de la República, designado por el Congreso Nacional para concluir el mandato presidencial de Carlos Andrés Pérez (1993-1994).

• Presidente de la Comisión Presidencial V Centenario de Venezuela (1997-1999).

ACTIVIDAD PERIODÍSTICA

• Redactor del periódico Juventud, San Cristóbal (1929).

• Redactor de la revista Nautilus, San Cristóbal (1930).

• Redactor de la revista Mástil, San Cristóbal (1932).

• Redactor de la revista Antena, San Cristóbal (1932).

• Jefe de redacción del diario El Nacional, San Cristóbal (1933).

• Redactor de la revista Futuro, Caracas (1935).

• Director fundador del diario La Provincia, San Cristóbal (1941).

• Redactor del diario Últimas Noticias, Caracas (1943-1944).

• Redactor del diario El País, Caracas (1944-1945).

• Redactor de la revista Hechos, Caracas (1949).

• Redactor de la revista Testimonio, Caracas (1950-1951).

• Redactor de la revista Signo, Caracas (1951-1952).

• Redactor de la revista Elite, Caracas (1955-1956).

• Director fundador del diario El Mundo, Caracas (1958-1959).

• Director del diario El Nacional, Caracas (1964-1968 y 1979-1982).

ACTIVIDAD EDITORIAL

• Fundador del Boletín del Archivo Histórico de Miraflores (Desde 1959 se han publicado más de 160 números).

• Director fundador de la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses (Desde 1960 se han publicado más de 180 títulos).

• Director de la colección Pensamiento Político Venezolano del Siglo XIX (1960-1962, 15 v.; 2a. ed., 1983, 15 v.).

• Director de la colección Documentos que hicieron historia: siglo y medio de vida republicana, 1810-1961 (1962, 2 v.; 2a. ed., 1989-1990, 5 v.).

• Director de la colección Venezuela Peregrina (1962-1963, 4 v.).

• Director de la colección Nuestro Siglo XIX (1962-1966, 10 v.).

• Director de la colección Las Fuerzas Armadas de Venezuela en el Siglo XIX (1963-1971, 12 v.).

• Director de la colección Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX (1983-1996, 104 v.).

• Fundador del Boletín de la Fundación para el Rescate del Acervo Documental Venezolano (Entre 1987 y 1994 se publicaron 16 números).

ACTIVIDAD DOCENTE

• Profesor fundador de la cátedra Historia del periodismo venezolano, Universidad Central de Venezuela, Caracas (1961).

• Profesor fundador de la cátedra Historia del periodismo venezolano, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas (1962).

Profesor fundador de la cátedra Apreciación del proceso histórico venezolano, Universidad Metropolitana, Caracas (1980).

ACTIVIDAD ACADÉMICA

• Presidente del Centro de Estudiantes del Liceo Andrés Bello, Caracas (1935).

• Presidente de la Sociedad Salón de Lectura, San Cristóbal (1941-1942).

• Director fundador del Instituto de Investigaciones Históricas del Periodismo Venezolano, Universidad Central de Venezuela (1958).

• Fundador del Archivo Histórico de Miraflores (1959).

• Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia (1971).

• Presidente de la Fundación para el Rescate del Acervo Documental Venezolano (1975-1995).

• Miembro del Consejo Consultivo del Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar (1979).

• Miembro de la Fundación Rómulo Betancourt (1982).

• Presidente del Primer Congreso del Pensamiento Político Latinoamericano (1983).

• Fundador de la Oficina de Investigaciones Históricas y Políticas del Congreso de la República (1985).

• Miembro de la Fundación Francisco Herrera Luque (1992).

• Miembro de la Fundación General de Nogales Méndez (2000).

• Miembro de la Fundación Pedro Grases (2002).

• Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua (2002).

RECONOCIMIENTOS

• Premio Internacional de Periodismo María Moors Cabot, Universidad de Columbia, Nueva York (1967).

• Premio Municipal de Prosa, Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas (1973).

• Premio de la Asociación de Escritores Venezolanos, Caracas (1980).

• Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Caracas (1980).

• Doctor Honoris Causa de la Universidad de los Andes, Mérida (1986).

• Doctor Honoris Causa de la Universidad de Carabobo, Valencia (1987).

• Doctor Honoris Causa de la Universidad Santa María, Caracas (1987).

• Exposición-Homenaje, Biblioteca Nacional, Caracas (1987).

• Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, San Cristóbal (c. 1989).

• Reconocimiento de la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios, Caracas (1996).

• Premio Nacional de Humanidades, Consejo Nacional de la Cultura, Caracas (1998).

Algunas obras sobre su trayectoria



Sunday, November 05, 2006

Testigo y protagonista del siglo XX en Venezuela





Fotografías: Ramón J. Velásquez con Eleazar López Contreras (1963), Rómulo Betancourt (1962) y Rafael Caldera (1993). Palacio de Miraflores, Caracas.
Fuente: Varios autores, Ramón J. Velásquez: estudios sobre una trayectoria al servicio de Venezuela. Caracas: Universidad Metropolitana; Universidad de los Andes-Táchira, 2003, pp. 49, 67 y 333.

Algunas obras del editor



Acercamiento a una persistente labor editorial


Investigación y redacción:
Ildefonso Méndez Salcedo
ildefonsomendez@yahoo.com


Entre los innumerables aportes realizados por Ramón J. Velásquez para entender la evolución histórica de Venezuela, destaca uno que por su diversidad y volumen nos llama la atención de entrada. Se trata de su larga y sostenida labor editorial, comenzada de manera sistemática en 1959, cuando se incorpora al gobierno de Rómulo Betancourt como Secretario General de la Presidencia de la República. Desde entonces, independientemente de las obligaciones contraídas, no ha cesado en su afán de promover el rescate y la divulgación de aquellas obras que nos muestren la trayectoria histórica de nuestro país a lo largo del tiempo, especialmente durante los siglos XIX y XX.

Es una labor de difícil inventario por lo extensa y variada que ha sido; por lo inabarcable de los temas tratados, así como por la infinidad de autores dados a conocer. Es un esfuerzo que ha cristalizado gracias al mecenazgo de organismos oficiales, como la Presidencia de la República, el Congreso Nacional, el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional, la Fundación para el Rescate del Acervo Documental Venezolano, entre otros. Una actividad que ha involucrado a muchos investigadores, los cuales han trabajado bajo la dirección del propio Velásquez. Veamos, a grandes rasgos, los principales hitos de este empeño intelectual que lleva cincuenta años rindiendo frutos, aprovechables no solo en Venezuela, sino en todos aquellos países en los que interesa el estudio de nuestra trayectoria histórica.

HITOS DE UNA LABOR EDITORIAL

1. Archivo Histórico de Miraflores

Creado por iniciativa de Ramón J. Velásquez, quien siendo Secretario General de la Presidencia de la República, solicitó el apoyo necesario para la organización y publicación de los fondos documentales localizados en los sótanos del Cuartel de la Guardia Presidencial en el Palacio de Miraflores. Durante los primeros años trabajaron en la institución José Lino Quijada, como director, y Luis Eduardo Pacheco como adjunto a la dirección, así como también se tuvo la colaboración de Marco Figueroa y Arturo Pimentel, entre otros. La riqueza e importancia del material procesado llevó a la determinación de editar el Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, con la finalidad de divulgar los numerosos testimonios que sobre la historia política venezolana de los siglos XIX y XX se habían conservado en el histórico recinto. Aunque, inicialmente la publicación circuló cada dos meses, el primer número data de julio-agosto de 1959, con el tiempo su aparición se hizo menos frecuente, pero sin dejar de circular, siendo la entrega más reciente, los números 159-160, enero-diciembre de 2002. Es importante señalar que para su elaboración se ha contado con la ayuda de Velásquez, bien sea para sugerir algún tema, dilucidar un punto oscuro en la documentación, e incluso, redactar los epígrafes que encabezan las distintas secciones del material publicado.

2. Pensamiento político venezolano del siglo XIX

También desde su despacho como Secretario General de la Presidencia de la República, Velásquez le propuso al Presidente Betancourt la preparación de varias publicaciones que recogieran los principales testimonios que sobre la vida venezolana de los siglos XIX y XX, figuraban en impresos de difícil localización. Era una labor que podía incluirse dentro del programa de ediciones para la conmemoración del Sesquicentenario de la Independencia de Venezuela. En tal sentido, fueron varios los esfuerzos realizados: las compilaciones Pensamiento político venezolano del siglo XIX (1960-1962), Documentos que hicieron historia (1962) y las Fuerzas Armadas de Venezuela en el siglo XIX (1963-1971), así como las colecciones Nuestro siglo XIX (1962-1966) y Venezuela peregrina (1962-1973).

La del Pensamiento político venezolano del siglo XIX es una compilación modelo, preparada con un gran sentido de amplitud, que presenta de manera sistemática los escritos fundamentales de los autores venezolanos de dicha centuria. Las labores de investigación estuvieron a cargo de Pedro Grases y Manuel Pérez Vila, quienes trabajaron bajo la dirección de Ramón J. Velásquez. Los compiladores explican que no fue tarea fácil localizar y seleccionar los textos más representativos, entre tantas publicaciones dispersas (libros, folletos, periódicos y hojas sueltas). Sin embargo, los resultados obtenidos muestran la diversidad y riqueza de la producción intelectual de la época. El material recogido se editó en catorce volúmenes, clasificados de acuerdo con el siguiente criterio: autores de obra voluminosa que exigían un tratamiento separado (1. Fermín Toro, 2-3. Juan Vicente González, 4. Tomás Lander, 5-6. Antonio Leocadio Guzmán, 7-8. Pedro José Rojas, y 9. Cecilio Acosta); y autores de obra más reducida que pudieron ser agrupados por corrientes de pensamiento (10-11. Liberales y Conservadores, 12. Conservadores y Liberales, y 13-14. La Doctrina Positivista). Por último, se agregó un volumen adicional con los índices acumulativos de la colección (I. Autores, II. Títulos, III. Temas principales, IV. Cronológico de los textos, V. De fuentes, y VI. Generales), así como una selección de juicios críticos sobre el trabajo realizado.

3. Documentos que hicieron historia

La segunda compilación preparada por Pedro Grases y Manuel Pérez Vila, con la dirección de Ramón J. Velásquez, se titula Documentos que hicieron historia: siglo y medio de vida republicana, 1810-1961. Esta vez el propósito era presentar un conjunto de testimonios sobre la trayectoria histórica de Venezuela a lo largo del período republicano. Utilizando un criterio amplio se escogieron muchos textos de interés para entender la evolución de nuestro país en todos los campos de la actividad nacional, bien fuera en lo político, económico, social, educativo, cultural, entre otros aspectos. Inicialmente se publicaron dos volúmenes con 153 documentos, distribuidos como sigue: I. De la Independencia a la Federación, 1810-1864; y II. De la Revolución Azul a nuestros días, 1868-1961. Posteriormente, entre 1989 y 1990, se pondrán en circulación otros tres volúmenes, con 145 piezas adicionales, compiladas por Pedro Grases y Horacio Jorge Becco, abarcando los gobiernos que se establecieron a partir de 1959. Con el subtítulo común de Etapa democrática, los nuevos volúmenes cubrieron los siguientes períodos: III. 1959-1974; IV. 1974-1984 y V. 1984-1989.

4. Las Fuerzas Armadas de Venezuela en el siglo XIX

La tercera compilación preparada por el equipo de investigadores ya mencionado, fue la de Las Fuerzas Armadas de Venezuela en el siglo XIX, publicada entre 1963 y 1971. Este proyecto editorial respondía a un vasto plan de localización y divulgación de los documentos fundamentales para el estudio de la evolución de las Fuerzas Armadas de Venezuela durante la etapa republicana. Lamentablemente, a pesar del esfuerzo realizado, solo se publicaron doce volúmenes, los cuales cubren el período 1810-1858. El contenido es sumamente heterogéneo, pues está formado por distintos tipos de documentación, escogida sin perder de vista el objetivo central de la colección. De manera cronológica se van presentando las más diversas piezas: bandos, boletines, comunicaciones, decretos, discursos, leyes, manifiestos, notas, oficios, opiniones, planes, proclamas, reglamentos, relaciones, entre otras. Los volúmenes publicados se distribuyen en dos grandes períodos: La Independencia, 1810-1830: I-II. De la Primera República al Congreso de Angostura, 1810-1819; III-IV. Del Congreso de Angostura a la Batalla de Ayacucho, 1819-1824; V. De la Batalla de Ayacucho a la disolución de la Gran Colombia, 1825-1830; y La República, VI, VII y X. El Gobierno Deliberativo, 1830-1846; VIII. Ordenanzas del Ejército, 1841; IX. Ordenanzas Generales de la Armada Naval, 1793; y IX y XII. Los Monagas, 1847-1858.

5. Nuestro siglo XIX

Esta colección se inició con el objeto de recoger en libros de formato más reducido, una selección de la obra escrita por autores venezolanos del siglo XIX, así como diversos testimonios de gran utilidad para conocer la evolución cultural de nuestro país durante dicha centuria. La preparación de los diez volúmenes, publicados entre 1962 y 1966, estuvo a cargo de Rafael Ángel Insausti, Manuel Pérez Vila y Pedro Grases. Los textos escogidos corresponden a Juan Vicente González, Tomás Lander, Luis López Méndez, Antonio Leocadio Guzmán, Felipe Larrazábal, Pedro José Rojas y Blas Bruzual. Igualmente, se incluyeron, en volúmenes separados, algunos documentos relativos a la vida cultural de Venezuela.

6. Venezuela peregrina

Esta fue otra de las colecciones creadas por Ramón J. Velásquez durante el gobierno de Rómulo Betancourt. Su propósito era divulgar los escritos publicados en el exterior por aquellos intelectuales venezolanos que se habían marchado debido a circunstancias políticas adversas. Los volúmenes preparados, cinco en total, impresos entre 1962 y 1973, recogen una muestra suficiente de la preocupación de sus autores por la Venezuela de los siglos XIX y XX, así como por el papel que estaban representando en el orden internacional las grandes potencias y los países hispanoamericanos. Son escritos cuya autoría se debe a Domingo B. Castillo, Antonio Paredes y César Zumeta. Los materiales fueron recopilados, en el caso de Zumeta, por Rafael Ángel Insausti, y los prólogos de los cuatro libros editados inicialmente, aparecen firmados por Ramón J. Velásquez, Julio Febres Cordero, Luis Beltrán Guerrero y el propio Insausti. La coordinación del trabajo editorial estuvo a cargo de Seleucio Maldonado.

7. Biblioteca de autores y temas tachirenses

También desde su despacho como Secretario General de la Presidencia de la República, Velásquez impulsó la creación de varias colecciones con el objeto de rescatar y difundir los valores culturales de los estados de Venezuela. Inicialmente se establecieron las de Anzoátegui, Mérida, Monagas, Táchira, Trujillo y Yaracuy. Aunque fue la del Táchira, decretada para conmemorar el cuarto centenario de la fundación de San Cristóbal, la que despertó el mayor entusiasmo y la colaboración desinteresada entre autoridades, instituciones y particulares. De este modo, entre 1960 y 1963, período de la gestión de Velásquez, aparecieron los primeros 35 volúmenes. Debe reconocerse que este esfuerzo editorial se ha mantenido desde entonces, a pesar de las dificultades surgidas, sobre todo en el orden económico. Hasta el presente se han publicado 180 títulos, lo cual muestra la consolidación de esta iniciativa, la más importante de cuantas se han dedicado a divulgar la trayectoria de una región del país. La actividad editorial de la Biblioteca de autores y temas tachirenses se orienta en dos sentidos: a) Autores del Táchira sin importar el género de sus obras; y b) Trabajos sobre distintos temas relacionados con la entidad. En el primer caso, encontramos los nombres de autores reconocidos, considerados los clásicos del Táchira, al lado de escritores contemporáneos con obra de diversa significación, y también, de los más jóvenes, aún en etapa de madurez y de producción intelectual. Y en cuanto a lo segundo, es decir, los temas abordados, la colección ha dado cabida a numerosos estudios de interés para conocer la evolución del Táchira, así como también la del país en general. Veamos algunas de las materias tratadas: alimentación, arquitectura, bibliografía, biografía, centros poblados, cocina, derecho, documentación, economía, educación, filología, folklore, genealogía, geografía, historia, historiografía, ideas políticas, lenguaje, literatura, medicina, música, organización municipal, periodismo, proceso político, religión, sociedad, teatro, testimonios, toponimia, tradiciones, entre otras.

8. Fundación para el Rescate del Acervo Documental Venezolano

Creada en 1975 con la finalidad de apoyar y complementar las tareas encomendadas al Instituto Autónomo Biblioteca Nacional. En tal sentido, sus actividades se desarrollaron en tres vertientes fundamentales: formar una colección de documentos relativos a nuestro país con los fondos existentes en archivos extranjeros; realizar trabajos de investigación aprovechando el acopio de dichos materiales; y editar las obras necesarias para divulgar los resultados obtenidos. La institución contó desde su establecimiento con la colaboración de un amplio grupo de personalidades, bajo la presidencia de Ramón J. Velásquez. Veamos, a grandes rasgos, un balance del trabajo realizado hasta 1995, año en que las autoridades de la Biblioteca Nacional decidieron absorber y dejar sin efecto la existencia de la fundación. En cuanto a la localización de documentos, se logró la reproducción de unas 100.000 piezas conservadas en archivos oficiales de Alemania, Antillas Neerlandesas, Argentina, España, Estados Unidos de América, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, México y Portugal. De gran interés son los informes enviados a sus gobiernos por los representantes diplomáticos acreditados en Venezuela durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. En lo que se refiere a investigaciones, se impulsó la realización de los siguientes proyectos: a) El gobierno de Juan Crisóstomo Falcón (1863-1868); b) Los patrimonios presidenciales del siglo XIX; c) La Constitución Nacional de 1830; d) La New York Bermudez Company y Cipriano Castro (1901-1907); y, e) Los protagonistas y sus relatos (Historia oral). Y por último, se inició la publicación de un conjunto de trabajos, formando varias colecciones propias, o coeditando con otros organismos. Mención especial merece el Boletín de la institución, editado para divulgar el material recopilado e informar sobre las actividades realizadas, del cual se publicaron 16 números entre 1987 y 1994.

9. Comisión Bicameral Especial para la Celebración del Bicentenario del Libertador Simón Bolívar

Constituida en 1982 por resolución del Congreso Nacional e integrada por representantes de las dos cámaras legislativas bajo la presidencia del senador Ramón J. Velásquez. Para el cumplimiento de sus objetivos, que en lo fundamental apuntaban a rendir homenaje a la memoria del prócer caraqueño y contribuir al acercamiento de los pueblos del continente americano, se propuso la realización de varias actividades, entre las que destaca el Primer Congreso del Pensamiento Político Latinoamericano, efectuado en Caracas, del 29 de junio al 2 de julio de 1983. Con la asesoría de un grupo de expertos se elaboró el programa de actividades, organizándose un temario de seis secciones: I. Nacionalismo, latino-americanismo y universalismo en el pensamiento político latinoamericano: el problema de la identidad nacional y regional y las tensiones entre lo universal y lo particular; II. El problema de la disgregación e integración política y social y sus intentos de solución; III. El pensamiento político de los principales candidatos presidenciales en la Venezuela de hoy; IV. La dialéctica democracia-dictadura en el pensamiento político latinoamericano; V. El pensamiento latinoamericano ante el cambio sociopolítico: conservatismo, reforma y revolución; y VI. Vigencia del pensamiento de Simón Bolívar, el Libertador. Estas secciones se distribuyeron a su vez en 34 mesas de trabajo. El número de ponencias presentadas sobrepasó las 250. Se contó con ponentes, invitados especiales y observadores de los siguientes países: Alemania Federal, Argentina, Aruba, Austria, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Corea, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Egipto, El Salvador, España, Estados Unidos de América, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Grenada, Guatemala, Guyana, Haití, Holanda, Honduras, Hungría, Inglaterra, Italia, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Suiza, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela. El material presentado, entre discursos y ponencias, se publicó en 1984 en 10 volúmenes.

10. Pensamiento político venezolano del siglo XX

Igualmente, por iniciativa de la Comisión Bicameral Especial para la Celebración del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, se acordó preparar una colección sobre el Pensamiento político venezolano del siglo XX, como lógica continuación de la que se había publicado antes para el siglo XIX. En tal sentido se convocó la participación de un grupo de investigadores, constituido principalmente por historiadores y politólogos, a los que se sumó la abierta colaboración de representantes de las más diversas instituciones del país: partidos políticos, sindicatos, gremios empresariales, Iglesia Católica, Fuerzas Armadas, entre otras. El objetivo era presentar una compilación elaborada con amplitud e imparcialidad, que sirviera de consulta a los interesados en el tema. Trabajando bajo la dirección de Ramón J. Velásquez se fueron elaborando los numerosos volúmenes. Primero, con el amparo de la mencionada Comisión (1982-1984), y luego, de la Oficina de Investigaciones Históricas y Políticas del Congreso de la República (desde 1985), ente creado para encargarse del proyecto. Esta es una empresa aún no concluida, a pesar del esfuerzo realizado y del apoyo recibido de instituciones y particulares. Hasta el presente han circulado 104 volúmenes, impresos entre 1983 y 1996.

11. Comisión Presidencial V Centenario de Venezuela

Creada en 1997 por decreto del Poder Ejecutivo con el objeto de organizar una serie de actividades académicas y culturales en el marco de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a la parte oriental de nuestro país (1498) y del recorrido de la costa por Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio (1499), hasta la utilización posterior del nombre de Venezuela para designar a dicho territorio. La Comisión estuvo integrada por representantes de diversos organismos bajo la presidencia de Ramón J. Velásquez. En 1998 se realizaron bajo su auspicio varias jornadas de estudio: Repaso de la Historia de 500 años de Venezuela (Caracas, 3-14 de agosto); Jornadas Geográficas: El hombre venezolano y el siglo XXI (Caracas, 16-27 de noviembre); Encuentro Latinoamericano de Intelectuales (Cumaná, 21-25 de noviembre); y I Congreso Venezolano de Oceanología y Ciencias del Mar (Caracas, 23-27 de noviembre). Merece destacarse el programa de ediciones patrocinado por la Comisión durante su corta existencia.

12. Otras iniciativas editoriales

Velásquez también ha participado en otros proyectos auspiciados por particulares, organismos públicos e instituciones privadas. En varios casos ha actuado como colaborador, coordinador o miembro de consejos consultivos y directivos. Veamos una relación de las principales iniciativas: a) Editorial Ávila Gráfica y Ediciones Centauro: ha colaborado ampliamente con el editor José Agustín Catalá, por los menos desde 1952, año en que se publicó Venezuela bajo el signo del terror, 1948-1952; b) Editorial Nueva Segovia: establecida en Barquisimeto a mediados de la década de 1950, con Mariano Picón Salas y los hermanos Miguel y Luis Romero Antoni, en la que se editaron obras de interés diverso; c) Fundación Eugenio Mendoza: ha colaborado en varias ediciones acordadas por el Comité de Cultura desde 1972; d) Academia Nacional de la Historia: dirigió la colección Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela, desde 1973; e) Biblioteca Ayacucho: formó parte, primero de la Comisión Editora, en 1976, y luego del Consejo Directivo de la Fundación Biblioteca Ayacucho, desde 1978; f) Fundación Rómulo Betancourt: integró su primer directorio en 1982, participando en diversas actividades organizadas por la institución (conferencias, publicaciones, documentales, etc.); g) Meneven, filial de Petróleos de Venezuela, S. A.: coordinó la obra colectiva Los libertadores de Venezuela, editada con motivo del bicentenario del natalicio de Simón Bolívar en 1983; h) Universidad Metropolitana: organizó el seminario Apreciación del proceso histórico venezolano, realizado entre enero y julio de 1985; i) Fundación Polar: es miembro del Consejo Consultivo del Diccionario de Historia de Venezuela, obra de la cual se han publicado tres ediciones desde 1988; j) Fundación Francisco Herrera Luque: ha coordinado algunas de las Jornadas Anuales de Reflexión, organizadas desde 1994; y, k) Editorial Globe: dirigió la Gran Enciclopedia de Venezuela, editada en 1998.

COMENTARIO FINAL

Por último, es justo reconocer la labor editorial llevada a cabo por Ramón J. Velásquez a lo largo de cincuenta años, una empresa sin parangón en nuestro país, que muy pocos intelectuales han tenido la suerte de ejecutar con resultados tan favorables. Es una preocupación que le agradecemos los interesados en la historia de Venezuela de los siglos XIX y XX. En el caso de Velásquez, ha valido la pena estar al frente de tan importantes cargos de la administración pública, e incluso, haber atendido el llamado de varias instituciones privadas, para servir a la nación de la mejor manera en que puede hacerlo un historiador: rescatando las fuentes documentales, llamando la atención sobre los hechos y personajes del pasado, y publicando las obras necesarias para el estudio de nuestra evolución histórica. En fin, una labor que aprovechamos los venezolanos del presente y que aprovecharán con seguridad los venezolanos del futuro.




Algunas obras del historiador



Bibliografía selectiva de Ramón J. Velásquez


Investigación y Redacción:
Ildefonso Méndez Salcedo
ildefonsomendez@yahoo.com
BIBLIOGRAFÍA DIRECTA
  • La caída del liberalismo amarillo: tiempo y drama de Antonio Paredes. Caracas: Contraloría General de la República, 1972.
  • Con segunda intención: reportajes en tiempo de dictadura, 1951-1955. Caracas: José Agustín Catalá, editor, 1990. 2 v.
  • Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez. Caracas: Ediciones Centauro, 1979.
  • Coro: raíz de Venezuela. Coro: Ateneo de Coro, [1962].
  • Cristóbal Mendoza, o la “bondad útil”. Caracas: Presidencia de la República, 1972.
  • El cuadro histórico de la actual crisis venezolana. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1985.
  • El desarrollo político, social y económico de Venezuela en el siglo XIX. Caracas: Laboratorio Abott, 1978.
  • La desobediencia urbana en Venezuela, 1936-1945. Caracas: Cendes, 1988.
  • Discurso de incorporación como Individuo de Número de don Ramón J. Velásquez Mujica. Contestación del académico don Ramón González Paredes… Caracas: Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Española, 2002.
  • Epígrafes para un perfil de la Venezuela contemporánea. Caracas: Colegio Universitario Francisco de Miranda, 1982. 2 v.
  • El gobierno de Joaquín Crespo. Caracas: Historiadores, Sociedad Civil, 1996.
  • Los héroes y la historia. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1981.
  • Homenaje a la memoria de Enrique Bernardo Núñez: discurso de orden pronunciado en la sesión solemne especial del 3 de noviembre de 1964. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal, 1965.
  • Horas singulares de Valencia. Valencia: Concejo Municipal del Distrito Valencia, 1967.
  • Individuos de Número. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1981.
  • Joaquín Crespo. Caracas: El Nacional; Banco del Caribe, 2005. 2 v.
  • La obra histórica de Caracciolo Parra Pérez. Discurso de incorporación como Individuo de Número del Dr. Ramón J. Velásquez. Contestación del académico don Luis Beltrán Guerrero. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1971.
  • Memorias de Venezuela. Caracas: Ediciones Centauro, 1987. 4 v.
  • Memorias del siglo XX. Caracas: Últimas Noticias, 2005.
  • Los pasos de los héroes. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1981.
  • San Cristóbal: lugar de comprensión para la tregua. Caracas: [s.n.], 1961.
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BIBLIOGRAFÍA INDIRECTA

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Entrevista a Ramón J. Velásquez



Fotografía: Ramón J. Velásquez. Caracas, 2005. Fuente: Quinto día, Caracas, septiembre 30, 2005, p. 100

Fragmento de una entrevista inédita concedida a
Manuel E. Carrero e Ildefonso Méndez Salcedo.
Trascripción: Ildefonso Méndez Salcedo.

Para comenzar esta conversación nos gustaría que se refiriera a sus primeros años de vida, sus antepasados, sus padres, la ciudad donde nació y otros recuerdos que tenga al respecto.

Yo nací en Colón, en el sitio donde está hoy la Casa de la Cultura “Pedro Antonio Ríos Reyna”.

¿En qué año?


El año 16.

Es curioso que en algunos libros donde figuran noticias sobre su vida no haya coincidencia al registrar su año de nacimiento. Hay confusión al respecto. Unos dicen que Usted nació en 1917 y otros en 1918.

Hay dos documentos que lo prueban: la fe de bautismo, que me ha mostrado el párroco de la iglesia en dos visitas y la partida de nacimiento que ha sido publicada varias veces. Allí consta que mi nacimiento fue el 28 de noviembre de 1916.

¿Qué recuerdos tiene de su niñez?

Yo recuerdo que a mi casa siempre iba mucha gente, porque mi Mamá era la directora de la Escuela Ayacucho de Colón y entonces venían las maestras, las discípulas. Me quedó la impresión de unas calles muy anchas. Esa ciudad fue trazada, siendo la última de las ciudades del Táchira, con gran influencia del grupo inmigrante italiano que llegó a finales del siglo pasado [XIX], los Laviosa, los Costa, los Paolini. Entonces el trazado ya no fue el español. Eran centenares, miles, las recuas que venían a traer el café de Rubio, de Santa Ana, de San Cristóbal a Colón. Ahí lo embarcaban en el ferrocarril que existía desde fines del siglo pasado [XIX] en la estación cercana, de San Félix, hasta Encontrados. Era el ferrocarril del Táchira, el Gran Ferrocarril como lo llamaban. Nosotros vivíamos en el centro de la ciudad y era mucho el movimiento comercial, era constante la llegada de recuas. Colón llegó a ser junto con Rubio una ciudad económicamente más importante que San Cristóbal. Esa situación va a empezar a decaer el año 1925 cuando Gómez inaugura la carrera Transandina. Entonces gran parte del tráfico hacia el centro del país y hacia el exterior desde el Táchira, que se hacía obligatoriamente por Maracaibo empieza a desviarse por la Transandina hacia Puerto Cabello. Así empezó un proceso que trajo la decadencia de Colón, lo que ya se veía para finales de los año 30 y comienzos de los 40. No volvió nadie. Las grandes casas de comercio quebraron, la gente se fue a San Cristóbal, otros se marcharon a Maracaibo o a Caracas. Los Colmenares, los Laviosa, emigraron. Yo estuve de visita el año 40 y pude ver grandes casas desocupadas. Colón vuelve a renacer el año 52 cuando Pérez Jiménez traza la Panamericana.

¿Su familia ya se había trasladado a San Cristóbal?

Sí. Nos trasladamos el año 20, pero siempre íbamos a Colón. Porque hacen a Mamá directora de la Escuela Federal Graduada “Bustamante” y mi Papá va a ser director del Instituto Municipal de Educación. Entonces, empieza nuestra vida en San Cristóbal. Allí inicié mis estudios. Vivíamos en una casa que quedaba frente a lo que hoy es el Club Táchira, en la carrera séptima, donde está la torre del Banco Unión. Era una casa inmensa, con un gran salón, que no sé porque los dueños lo habían hecho, y ahí estuvo el Salón de Lectura hasta que Abel Santos en 1926 logró que el general Gómez construyera el primer edificio para el Salón de Lectura, que no es el actual, sino otro que quedaba en la carrera quinta.

Usted se formó en un ambiente intelectual muy grato estimulado por sus padres.

Yo he dicho que nací entre una escuela y una imprenta. ¿Por qué? La escuela donde estaba el Salón de Lectura y cuatro años más tarde, Papá que había sido el año 1912 en Rubio fundador de una revista que se llamó Centauro con un intelectual llamado Miguel Sánchez, y por el mismo año tenía José Sánchez, padre de Monseñor Carlos Sánchez Espejo un periódico semanal llamado El Aldeano, en el que trabajó Ramón Velásquez como redactor. Papá se vino a San Cristóbal, se casó con Mamá, se fueron a Colón y de allí el Ministerio lo trasladó a San Cristóbal. Doña Regina de Velásquez figura como directora de la Escuela Federal Graduada “Bustamante” y un día el Obispo funda el Seminario y designa a Papá profesor de latín y raíces griegas. ¿Por qué? Porque Papá se había formado en el Seminario de los eudistas franceses y había hecho hasta seminario mayor. De tal manera que tenía una formación en latín, en griego, en prosodia. El Obispo Tomás Antonio Sanmiguel, el primer Obispo del Táchira, funda el Seminario y nombra un profesor seglar, laico, que es Ramón Velásquez. Ellos eran muy amigos, entonces decide, el Obispo, crear un periódico, el Diario Católico, lo funda un sacerdote muy importante de apellido Rodríguez que se va luego a Estados Unidos y no vuelve, y entonces Monseñor Sanmiguel hace que Don Ramón Velásquez sea director-redactor del periódico. Y así como la imprenta funcionaba en el palacio, cerca de la escuela donde trabajaba mi Mamá, yo estaba entre la escuela y la imprenta. Al poco tiempo el doctor Carlos Rangel Lamus le propone a Papá que sea subdirector del Liceo Simón Bolívar. Y así Papá llega a ser director-redactor de Diario Católico y subdirector del Liceo Simón Bolívar. Y Doña Regina figura como directora de la principal escuela del Táchira, la “Bustamante”. De tal manera que cuando yo me veo estoy corrigiendo pruebas y leyendo textos. Por otra parte, a esto hay que agregar que siempre Papá me hacía leer una hora, que le leyese, libros que él escogía y que yo no entendía, porque eran clásicos españoles y clásicos latinoamericanos.

Tenemos entendido que los antepasados de su padre también eran gente notable, gente de estudio y de lecturas.

Don Valentín Velásquez Arvelo, abuelo de él, era un personaje barinés, de los Arvelo de Barinas, se casó en Valencia con Doña Marta Peña. Era un hombre de grandes posibilidades sociales, vino la Guerra Federal y como él era conservador. Ese es el momento de la dispersión de la sociedad de Barinas. Unos se van a Trujillo, los Márquez; otros se van a Mérida, los Febres Cordero; un grupo se va al Táchira, que son los Pulido, los Baldó, los Bazó, los Inchauspe; y otro grupo numeroso cruza la frontera, sube por el Casanare hasta la sabana de Bogotá y se instalan allí, varias familias. Don Valentín va en ese grupo, marcha con lo que ha salvado, adquiere propiedades en la sabana de Bogotá, entre los hijos que llevaba, estaba uno de dieciséis años, que se llamaba Juan Jacobo Velásquez Peña, que estudia en Bogotá, se gradúa de ingeniero en la universidad republicana, que desapareció después, y entonces se viene con Solón Güinchez al departamento de Santander porque iban a hacer el ferrocarril de Bucaramanga al Magdalena; entonces, hacen la obra, pero son los años de las grandes explotaciones de quina, en los bosques, la corteza de la quina, que tenía un altísimo precio, eso lo exportaban a Europa, a Alemania, y entonces él se mueve en la olla del río Sogamoso donde se explotaba la quina, allí lo pica una culebra y se muere. El se ha casado en Girón con Vicenta Ordóñez Mantilla, que queda viuda con dos hijos, uno llamado Francisco que era el protegido por un hermano de ella, que era sacerdote, llamado Gustavo Severo Ordóñez y cuando el niño, que lo han educado, tiene ya once años, lo mandan al seminario con una beca del tío, a Pamplona, allí estudia, se forma y ya cuando está en el seminario mayor, hecho todo el curso, conversa con el rector del seminario, quien le dice: “Mire, Velásquez por su manera de pensar independiente, por su duda sobre la fe, Usted no cree en el dogma, Usted tendría frustraciones como sacerdote, Usted tiene una excelente formación, yo no le aconsejo que se esfuerce, en Usted hay dudas permanentes sobre las verdades inspiradas”. Y entonces, él le responde: “Así es”. ¿Y qué va a hacer? “Voy a ver qué pasa” y entonces, me contaba que el día que se fue a despedir del rector le dijo: “Bueno, mis verdaderas raíces son las de Bogotá, pero yo me voy a Venezuela” y entonces se marcha y se aparece en Rubio donde con la formación que tenía es maestro y trabaja en los periódicos locales y funda una revista; de ahí pasa a Capacho y luego a San Cristóbal, en donde conoce a la señorita Regina Mujica y se casa, protegidos por un gran personaje que sin ser pedagogo estimuló toda la educación y la cultura, que se llamaba Ramón Buenahora. Ahora, doña Regina era hija de don José María Mujica y de doña Rufina Acevedo; él era de El Socorro, de donde llegó hacia el año 65 del siglo pasado [XIX] y se casó con doña Rufina, en San Cristóbal, donde nació doña Regina, cerca de donde es hoy la plaza Urdaneta, la forman muy bien, y gran parte de su educación está en manos de una educadora colombiana muy famosa llamada Amalia Serrano de Vargas en el Colegio Corazón de Jesús en donde fueron sus profesores Abel Santos y Pedro María Morantes, Pío Gil. Después un hermano de ella, nacido en San Cristóbal, figura joven, notable, la mandó a Curazao a estudiar en un colegio famoso, donde se aprendía a tocar piano, francés y todas esas cosas. Don José María era un factor comercial muy importante de la Casa Alemana, de la Botica Alemana; enfermó, lo mandaron a Alemania para que lo vieran los médicos y murió en Berlín. De tal manera que cuando la señorita Regina sale del colegio ya tiene que enfrentarse a la lucha, sin su protector que era José María y cuatro hermanos jóvenes, que habían muerto; cuatro cadáveres salieron un día de la casa por la fiebre amarilla a fines del siglo pasado [XIX], me contaba ella. Muertos ellos, don Ramón Buenahora y otro hombre muy importante llamado Nepomuceno Sánchez la encargaron de una escuela. Por eso cuando yo era reportero el año 43, y fui a Miraflores y le dije al Presidente Medina quién era, me preguntó: “¿Entonces Usted es hijo de la señorita Regina? Sí señor, le respondí. Ella me enseñó las letras”. Esa fue una generación formada por José Abel Montilla, Luis Eduardo Montilla, Isaías Medina y otros, unos diez niños, a quien ella le enseñó las primeras letras.

Usted tuvo el privilegio de tener a sus maestros en su propia casa, tanto su padre como su madre. Algo que ha debido influir mucho en su formación.

Sí. Y otra cosa. A mi casa iba, de tarde o de noche, el Obispo Sanmiguel a conversar. Iba el doctor Gonzalo Vargas, médico eminente. Iba otro médico, muy amigo de Papá, llamado Cazón Rivera. Un editor merideño, que fue el editor de varios periódicos importantes durante mucho tiempo, un hombre muy culto pero que nunca escribió, que se llamaba Carlos Rodríguez Zerpa. Ese venía mucho a mi casa. A veces también venía el general Aurelio Amaya, un hombre muy interesante, muy culto, que le gustaba conversar, un caudillo, cuidaba mucho la educación de sus hijas que las educó Mamá.

¿Cómo llega el Salón de Lectura a tener sede en su casa?

Yo creo que eso fue un hecho. Todo ese grupo, y entre ellos Papá y doña Regina, eran devotos del Salón de Lectura. Los padrinos de los hijos de Guerrero Lossada eran Papá y Mamá, entonces eran compadres. Y se instaló el Salón allí, en mi casa.

¿Usted recuerda que se haya hablado de política en el Salón de Lectura? ¿Se estaba en contra o a favor del gobierno?

Bueno, cómo no. No les cortaron la luz una vez y tuvo Guerrero Lossada que alumbrarse con velas. Nadie le pagaba y entonces se puso a cultivar para comer, para poder subsistir y mantener el Salón, y en el corral de su casa en La Ermita se puso a sembrar zanahoria, lechuga y puso un puesto en el mercado de legumbres. Una vez un doctor lo abordó con la siguiente propuesta: “El general Eustoquio Gómez un día de estos va a acabar con esto. ¿Por qué no vendemos los libros? Yo le compro una parte”. Y Guerrero le respondió: “De aquí no me saca nadie”. Pero era porque no se le cobraba el alquiler, lo que pagaba era la luz y subsistir él. Era todo un personaje.

¿Qué nos puede decir del Liceo Simón Bolívar de esa época?

Yo estudié en el Liceo hasta el tercer año, porque don Carlos Rangel Lamus nos echó. La historia es sencilla. Querían colocar el retrato del Presidente del Estado en el Liceo. Era en los últimos años de Gómez. Yo no quería. Entonces, nos valimos de lo siguiente. Mandamos una carta diciendo que el Presidente del Estado no era más que un leal intérprete de la política educativa del general Gómez y que si se ponía allí el retrato del Presidente del Estado debíamos inaugurar la estatua de Gómez. Y como la maniobra era su firmeza antigomecista, porque decían que el general Losada podía en un momento dado ser la cabeza de una reacción contra Gómez. Poner el retrato del Presidente del Estado podía hacer quedar mal al Liceo, que en ese momento había adquirido un nombre, tenía un futuro. Ya estaba cerca la muerte de Gómez. Entonces mandamos esa carta. Total, no pusieron el retrato del Presidente del Estado, pero me acusaron ante el Presidente del Estado.

¿Usted fungía de líder?

Bueno, sí. Éramos un grupo muy activo. Teníamos la Asociación de Estudiantes del Táchira. Tuvimos una revista llamada Nautilus. Teníamos conferencias. Recuerdo a varios compañeros: Rafael Pinzón, que cuando yo iba a entrar al primer año de bachillerato, él salía para Mérida, un estudiante brillante; Ramón Eduardo Sansón, médico cardiólogo; Luis Eduardo Moncada, un gran jurista; Antonio Pérez Vivas, un hombre de gran capacidad; Miguel Moreno, que fue secretario de la Junta Militar; Gabriel Barrera Moncada, eminente pediatra; Simón Becerra, que fue Ministro de Educación y Embajador en España; Abraham Ramírez González, un médico excelente y brillante escritor; Ricardo González, que fue Presidente del Congreso; Carlos Luis González, eminente médico.

¿Y los profesores?

Bueno mire, sin tener la carrera de profesores eran hombres dedicados a su oficio por amor a la educación no por el sueldo, pues el sueldo era de 75 bolívares. Carlos Rangel Lamus, quien era director del liceo; Ramón Velásquez, enseñaba Preceptiva literarria, Latín y Raíces Griegas; Roberto Villasmil, médico de La Sorbona, enseñaba Biología; José Duarte, graduado de arquitecto en EE UU, explicaba Geometría y Álgebra; Buenaventura Jaimes, de la Universidad Nacional de Colombia, profesor de Historia; Luis Eduardo Mantilla, médico, en Química.

¿Y el Dr. Antonio Rómulo Costa?

Don Antonio había sido profesor de la generación anterior. Él formó a Carlos Rangel Lamus. Esa fue la generación de Tulio Chiossone y Raúl Soulé. Cuando nosotros llegamos ya era director Carlos Rangel Lamus, quien fue discípulo de Antonio Rómulo Costa.

¿Qué nos puede decir de las revistas Antena y Mástil? ¿Usted tuvo que ver con estas publicaciones?

Nosotros las fundamos. Pero, mire, hay dos cosas. Estando en segundo año de bachillerato dicto una conferencia que luego transformé en mi tesis de bachillerato, El Táchira y su proceso evolutivo. A esas conferencias iba toda la ciudad, eran promovidas por la Asociación de Estudiantes del Táchira y se realizaban en el liceo los domingos a las 11 de la mañana. Rangel nos decía: “Ustedes tienen que prepararse para el país que viene, hay que aprender a hablar en la tribuna, hay que aprender a polemizar” y nos obligaba los viernes a reunirnos en sesiones; se escogía un tema que uno tenía que desarrollar y a la siguiente sesión otro criticaba, es decir hacía el análisis del tema. Eso por una parte. Pero también había las conferencias. Así, yo dicto mi conferencia, y entonces, el Presidente de Estado que fue a la conferencia, general González, se paró de donde estaba allá y se vino hasta donde yo estaba y me abrazó, y en el periódico oficial salió una nota sobre la conferencia. Como a los tres días se apareció un hombre joven en casa y me dijo: “Yo lo ando buscando a Usted, yo me llamo Humberto Spinetti Dini, soy abogado, me gradué en Roma y me vine a ejercer aquí, pero quiero fundar un periódico, tengo la imprenta, la traje, y yo quiero que Usted sea el jefe de redacción del periódico, que se va a llamar El Nacional”. Yo le dije que sí.

¿Cuántos años tenía Usted?

Tendría, 15 años. Yo le dije que sí. Y se fundó el periódico, El Nacional. Oíamos las noticias por radio desde Bogotá. Era el primer periódico con noticias internacionales al día. Yo escribía. A los quince días me llaman: “Usted no puede figurar ahí. ¿Por qué? Porque Usted es menor de edad”. A todas éstas, llega a San Cristóbal un personaje, estupendo, don Antonio Quintero García, de La Grita. Se había ido muy joven. El hombre fue a dar a Rusia, a París, a Londres, a México y llegó de vuelta. Era un tipo con una maleta y libros y un catre. ¿Por qué me hice yo amigo de él? No sé.

¿Le llevaba mucha edad a Usted?

Sí, era un hombre de más de 35 años. Conversábamos mucho. Yo hice que se integraran Miguel Moreno y Simón Becerra, después Jorge Murillo y Manuel Osorio Velasco. Y entonces aquello se constituyó en una peña. ¿Por qué? Porque nos leía la poesía de la generación del 27, española, a García Lorca, Alberti. Nos leía una publicación española que se llamaba Gaceta literaria. Nos leía unas cuantas revistas, Amauta, de Mariátegui, el peruano, mezclado eso con la poesía de Mistral, páginas de Unamuno. Aquello era un Ateneo.

¿Es decir, que aquel hombre les trajo novedades?

Sí. Nos trajo una buena parte de la novelística rusa: Hillary Burk, Gorki y otros autores. Estas obras las conocimos por él. Entonces, llevamos a Pedro Romero Garrido, un gran escritor merideño, y decidimos fundar una revista llamada Mástil. Al liceo había llegado otro promotor de cultura, un tipo de nuestra edad, pero venido de Caracas, con una información sobre el movimiento vanguardista y de la revolución literaria española, llamado Ciro Urdaneta Bravo. Nos hicimos como hermanos. Entonces, Ciro iba, eso era como de contrabando, que Carlos Rangel Lamus no se enterara, sacaba la revista, Mástil; un colombiano, de apellido Ramírez, se puso a hacer los primeros clisés, unos eran grabados en madera, siluetas y otros copiados, un procedimiento muy rudimentario, pero así salió esa revista. Sale Mástil y firman Ramón Velásquez y Ciro Urdaneta y se forma el vainón. Carlos Rangel Lamus me dijo de todo: ¡vanidoso, ignorante, de todo! ¡Que yo no cuidada mi nombre!

¿Su padre que le dijo?

Nada. Nunca me dijo nada.

Pero Mástil era una revista literaria ¿Ustedes se metían con el gobierno?

No nos metíamos con nadie. Aunque una forma de meterse con el gobierno era hablar de los grandes autores: Ortega y Gasset, Unamuno, Mariátegui, Waldo Frank, esa era una manera. Si el país estaba secuestrado. Entonces, nos reunimos y decidimos que Pedro Romero Garrido, que era el secretario privado del Presidente del Estado, asumiera la dirección y le cambiamos el nombre, de Mástil pasó a llamarse Antena. Y el editorial comenzaba: “Todo Mástil es también una Antena”. Y salieron varios números. Allí se estrenó como cuentista Anselmo Amado.