Monday, November 27, 2006

A Ramón J. Velásquez, 90 años, suprema luz y vida


Donde la patria empieza o se termina
toda, no cabe más que la palabra
hermano, lumbre para hacer la harina
con la que el sueño su espesura labra.

Hermano para alzarse en la colina
y rogar a la vida se nos abra
de par en par en claridad andina
hasta que algún lucero se entreabra.

Hermano en altibajos y alegrías
y en el canto febril de la belleza
y en la mesa frugal de la labranza.

Hermano en las tristumbres y acedías
y en el grito feroz de la pobreza
y en la desolación de la tardanza.

Pablo Mora

28 de noviembre de 2006

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