Tuesday, January 30, 2007

Pedro Pablo Paredes, en la plenitud de sus noventa años sigue soñando

Fotografía: Pedro Pablo Paredes. San Cristóbal, 2001.


José Pascual Mora García
Presidente de la Academia de Historia del Táchira
y de la Sociedad Bolivariana del Táchira


Palabras de presentación de la sesión solemne celebrada
con motivo de los 90 años de Pedro Pablo Paredes.
San Cristóbal, 19 de enero de 2007


A Pedro Pablo Paredes habría que cantarle con el verso de Manuel Felipe Rugeles y la prosa de Emilio Constantino Guerrero. Tendríamos que suplicarle a José Antonio Maitín, a Juan Vicente González y a Miguel Antonio Caro para que nos prestaran su acento del romanticismo. A Pedro Pablo Paredes le quedamos debiendo su poema, permítanme recordarles amigos poetas del Táchira.

Nuestro “divino loco”, como lo suele llamar el prof. Alberto Moreno García, arriba a sus noventa años de existencia. Recientemente alguien me decía que el maestro no “andaba bien”, y le repliqué: “tenga prudencia con sus juicios, pues los intelectuales somos por lo general excéntricos, y al maestro le ha gustado toda la vida cazar a los avispados”.

En días pasados le visité, y efectivamente, pude comprobar su estado de autoconciencia que solo caracteriza a los genios, y además, pude observar sus excentricidades propias de un ser creativo; sobre su impecable camisa blanca y corbata negra lucía una camisa de pijama verde. Inmediatamente pasaron por mi mente las posturas de Picasso, y las morisquetas del hijo de Cataluña: Salvador Dalí. Ojalá, que la burla del maestro de la falsa sociedad de consumo nos hiciera despertar del estado de “locura dulce” que suele caracterizarnos. Ya quisiéramos tener el promedio de los venezolanos ese grado de conciencia suprema y sublime que siempre le acompaña, en buena hora divino Maestro! Pocos son los seres bendecidos con la palabra que Dios prometiera a Abraham: “tendrás larga vida”. Pero lo más relevante es su calidad de vida, traducida en una fructífera producción literaria y ejercicio de su vocación docente.

Desde el punto de vista de su formación intelectual formó parte de la última generación de intelectuales que se fraguaron con la palmeta y la máxima de que la “letra con sangre entra.” Me confesaba en una ocasión, que le sorprendía que hoy no se pueda enmendar las faltas de los párvulos con cierta dureza porque inmediatamente sobreviene la acusación de estar frustrándolos; “a mi me formaron con dureza, -confiesa- y nunca me frustré”.

El autor de Poiesología, Pablo Mora, lo describe en su fisonomía como “Ni alto ni bajo, es de tamaño mediano. Ni fuerte, ni débil, su complexión es regular. Lo distinguen un mentón anodino, unos maxilares recios, cuadrados; unos pómulos chinescos; una nariz decididamente socrática; una cejas sin solución de continuidad; una frente amplia; un pelo que ya poco cuenta; una nuca como despeñadero; la clásica cabeza del andino” (La Nación, 19/01/2007). Es Pedro Pablo Paredes de esos seres que la naturaleza bendijo con un magnetismo especial, sus energías cósmicas están bien distribuidas; las féminas encuentran siempre un encanto seductor. No hay oficina ni despacho que no deje escapar una anécdota de su trato comprensivo y amable con las hijas de Adán. Y agregaría que todo en él traduce la energía interior que acompaña a los grandes hombres.

Ideológicamente es un hombre de pensamiento abierto, libre pensador, y amante de la diversidad. En algún momento alguien le manifestó que había una literatura comprometida, y socráticamente respondió: “dígame qué literatura no es comprometida”. Como escritor, su palabra está revestida de la gracia de su hablar, pues es de los pocos escritores que escribe como habla. Algunos críticos, como Alí Medina Machado (1994), consideran que su carrera literaria se inicia en 1944 con Silencio de tu nombre, le siguen Transparencia (1947) y Patria del sueño (1961). Su obra trascendental en ensayo es El soneto en Venezuela (1962), luego escribe el Emocionario de Laín Sánchez (1965), Calificaciones (1966), Los nombres de la ciudad (1969), Alcor (1970) y en 1977, el magistral trabajo sobre Leyendas del Quijote. La serie El Parnasillo lo evidencia como un escritor que busca diseminar su arte entre todos, no hay exclusión ni en su obra ni en su pensamiento. Al Táchira lo conoce desde sus entrañas, una muestra de su sensibilidad por la geografía andina tachirense se refleja en Pueblos del Táchira (1982), obra que lleva a Guillermo Morón a expresar: “Las letras de Pedro Pablo Paredes se han formado en las praderas intelectuales más propicias: los libros y el pueblo cuotidiano (sic). Son las fuentes naturales para un escritor.” (1982: 9). A Bolívar le ha escrito con fina pluma, para destacar su visión civilista e intelectual, por eso sus trabajos se llaman: Bolívar escritor y Perfil de Bolívar. Es un humanista, de los clásicos, su referencia a las obras de Petrarca y Dante nos recuerdan su gusto por la literatura renacentista, quizá por eso nos conmina a leer siempre a Horacio Cárdenas en su trabajo sobre los estudios clásicos en Venezuela; la eliminación del latín y el griego en los estudios de bachillerato han empobrecido nuestro castellano. Pero por encima de todo, el humanismo de Pedro Pablo Paredes es cervantista, y en sus propias palabras propiamente quijotista. Las obras de Suárez, Caro, Cuervo, Marroquín, Pombo, Valencia, Sanín Cano, Carranza, Casas y Téllez son un referente sistemático en su prosa y poesía. Su trayectoria en la literatura venezolana le mereció el Premio Nacional de Literatura en 1992, aunque ya en 1977 había obtenido el Premio Municipal de Literatura, en Caracas. Y el concepto por la poesía lo resume en la admiración por la trilogía de poetas venezolanos de todos los tiempos, y no duda en afirmar, que son: Andrés Bello, José Antonio Maitín y el tachirense Manuel Felipe Rugeles. Por Emilio Constantino Guerrero guarda un afecto especial, hasta el punto de afirmar: “si yo fuera presidente de la República mandaría a editar su novela Sangre patricia y la colocaría en la entrada de los grandes centros comerciales para que la gente la llevara de gratis”. Esta vocación le llevó igualmente a fundar y participar en varias peñas literarias, entre las que se destacan: el Grupo Yunke, La Cueva Picto-lírica, El Parnasillo, la Peña Manuel Felipe Rugeles, la Peña Horacio Cárdenas Becerra y el taller poético literario Zaranda.

En la Sociedad Bolivariana del Táchira siempre será recordado por ser el más ferviente impulsor del llamado Boletín de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Centro Correspondiente al Estado Táchira, del cual fue su coordinador, en la época en que Francisco Fontiveros Casanova fuera el presidente. Allí estuvo al lado de Nicolás Rubio Vargas, Edgar Velandia, Pedro R. Villasmil, Charito de Jugo, Nerio Leal Chacón y J. J. Villamizar Molina. En el recuerdo perenne estará siempre el homenaje In Memoriam realizado al extinto Horacio Cárdenas Becerra en 1986.

En la Academia de Historia del Táchira su nombre aparece vinculado a la segunda etapa, ocupando el sillón XII del antiguo Centro de Historia del Táchira, que en su momento estaba integrado en el siguiente orden de los sillones: Rafael María Rosales, Monseñor Edmundo Vivas, Luis Eduardo Pacheco, Aurelio Ferrero Tamayo, José Quintero García, Félix María Rivera, Amenodoro Rangel Lamus, Ramón José Velásquez, Pío Bello, s. j., Horacio Cárdenas, Mons. Carlos Sánchez Espejo, Pedro Pablo Paredes, José García Rodríguez, José Antonio González C., Ilia Cira Rivas de Pacheco, Xuan Tomás García Tamayo, Emiro Duque Sánchez y J. J. Villamizar Molina. Y ejerció sus funciones como sub-director, acompañando a Aurelio Ferrero Tamayo en la presidencia, para el periodo 1970-1971. Hoy queremos también recordar que el Boletín del Centro de Historia del Táchira se imprimía en los Talleres Tipográficos del Ejecutivo del Estado, por gentil disposición del Dr. Rad Rached, Primer Magistrado Regional.

Pedro Pablo Paredes fue, es y será, un gran animador de las publicaciones. Recuerdo que en sus últimas participaciones a las reuniones ordinarias de la Academia de Historia, en casa del Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, se presentó con dos obras: Colombia en el corazón (2001) y Pura música (2002) y me dijo soto voce: “así deberíamos hacer todos en cada reunión, presentarnos con libros, para que estas reuniones no sean de chismes y discusiones banales”. Lamentablemente estamos en deuda todavía, pero seguiremos en el compromiso de poder hacer ciertas sus palabras. Por eso, cuando pensamos en un homenaje para Ud., apreciado maestro Pedro Pablo Paredes, no dudamos en presentarle una muestra de las publicaciones de los Individuos de Número de las realizadas a partir del año 2000. En el entendido, de que no hay para un amante de los libros y de la sabiduría un regalo más grande.

Como ser humano, Pedro Pablo Paredes es un canto a la humanidad. En él habita lo sublime y lo profano, ha sabido vivir la alegría de la vida pero no le teme al dolor. Cuando tuvo que soportar estoicamente la enfermedad de su hijo, le acompañó, sufrió con él, y siempre estuvo a su lado para aliviarlo y verlo morir en sus brazos. Es un hombre que ha sido humano, demasiado humano.

Como Padre, sus hijas le reconocen como un ser especialísimo, así afirma Laura Paredes de Biaggini: “Papá siempre ha sido un ejemplo a seguir, le admiramos, le seguimos, es todo para nosotros”. Leda Paredes, quien le acompañó en el acto solemne de la Academia de Historia y de la Sociedad Bolivariana del Táchira, se expresó con gratitud. Y la gran ausente, su esposa, Doña Carmen Zambrano de Paredes, quien ya goza de la gloria de Dios.

Entre sus amigos, Pedro Pablo Paredes cuenta con una de las más aquilatadas amistades; se trata del poeta José Antonio Escalona Escalona, coetáneo, estudiaron juntos, fueron compadres de matrimonio mutuamente, y hasta la nominación al Premio Nacional de Literatura fue conjunta; el respeto es tan grande que J. A. Escalona se retiró al saberse compitiendo con su amigo del alma. La identificación entre estos dos poetas la expresa J. A. Escalona al afirmar: “somos dos almas gemelas”.

Desde el punto de vista de la antropología filosófica le debemos la definición más certera de los venezolanos, quizá sin muchas estadísticas y sin muchos cálculos, pero es igual de certera. Así manifiesta: “Nosotros no somos historiadores; ni somos sociólogos; ni somos politólogos, como dicen ahora. Pero, tanto en la clase como en la conferencia, hemos sostenido la tesis que nadie ha contradicho ni de boca ni de pluma.” (2001: 100) y continua: “hay dos tipos de venezolanos: los de la Montaña y los del Llano. Los de la Montaña somos seres organizados, aún en la más extrema pobreza, nuestras casas están barriditas, y las gallinas en el corral; mientras el hombre del Llano es un hombre que vive a sus anchas, de bragueta abierta, y con las gallinas encima del comedor”. Y sentencia: “hasta que no se me demuestre lo contrario ese es el prototipo del venezolano”.

Es un grancolombiano a morir, su amor por Colombia lo ha llevado a estar expuesto incluso a la muerte. Me comentaba que en una oportunidad, en Mérida, tuvo que ser desalojado por la puerta trasera de un auditorio, porque lo querían linchar por afirmar en su conferencia que era colombiano a carta cabal. Y en su trabajo Colombia en el corazón (2001) nos manifiesta que “En el fondo y en verdad, los recelos en contra de la integración son característicos, al parecer, del subdesarrollo. Los países desarrollados tienen superado todo eso. Los países desarrollados, como son países cultos, son países integrados. Europa está, por caso, a la vista. Colombia y Venezuela, en este problema, no tienen para donde coger. O se integran para el desarrollo, o se desarrollan por separado, pero a un costo casi inalcanzable” (p.101).

En este sentido, como una manifestación de su afecto por Colombia se le otorgó la distinción Orden al Mérito de la Confraternidad Bolivariana, instituida por la Sociedad Bolivariana del Táchira el 3 de octubre de 2006 para honrar la memoria de quienes se han destacado por el espíritu de hermandad grancolombiana. Y al mismo tenor, se le entregó la condición de Miembro de la Academia de Historia del Norte Santander, distinción emanada de esta corporación.

Esta es la enseñanza del nacido en La Raya, en la Mesa de Esnujaque, Estado Trujillo el 21 de enero de 1917, tachirense de vocación y colombiano de corazón. O como también gusta decirlo, y que Pablo Mora nos lo recrea hoy: “trujillano de nacimiento, merideño de crecimiento y tachirense de sentimiento”. Es considerado junto con Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno y Mario Briceño Perozo como la trilogía trujillana que más ha aportado al Táchira y a la andinidad en el cultivo de la elite intelectual. Realizó la Escuela Primaria en la Escuela Canónigo Uzcátegui, de Timotes. Entre las curiosidades de su vida está la anécdota, según la cual, la primera lectura del Quijote la hizo a los ocho años, y el libro se lo cedió un pulpero de su pueblo. Estudió la Educación Secundaria en la Escuela Normal de San Cristóbal, siendo sus condiscípulos J. A. Escalona, Marcos González y Josefina Bustamante de González. Maestro Normalista (1943) y Profesor egresado del Instituto Pedagógico de Caracas (1953). Su jubilación del Ministerio de Educación data del año 1964, pero fue en ese preciso momento cuando comenzó su trabajo en la Educación Superior, ejerciendo su ministerio por más de 25 años en la Universidad Católica del Táchira. Fui testigo de excepción, cuando asistimos al acto realizado por la UCAT en homenaje al primer jubilado formalmente por esa entidad.

Apreciado maestro, Pedro Pablo Paredes permítame tomar prestadas sus propias palabras para finalizar, aquellas expresadas como desideratum del ser humano: “el hombre se realiza no tanto donde actúa, con todos los hierros de cada día; sino que se realiza, de veras, donde quienes tienen oídos para oír, como dice la Biblia, le oigan”. Hoy nos reunimos para decirle que estamos prestos a oírle y que su legado cultural será un compromiso de vida.


ANEXO
EXPOSICIÓN DE OBRAS PUBLICADAS POR LOS MIEMBROS DE LA
ACADEMIA DE HISTORIA DEL TÁCHIRA

I. TESIS DOCTORALES
  • (2005) Mogollón, Ligia Esther. San Cristóbal, ciudad y territorio en el siglo XX. San Cristóbal: UNET, 240 pp.
  • (2004) Mora García, José Pascual. La dama, el cura y el maestro en el siglo XIX. Mérida: Consejo de Publicaciones ULA, 498 pp.
  • (2003) Sánchez, Samir. San Cristóbal: Urbs Quadrata. San Cristóbal: UCAT. 838 pp.
  • (2001) Torres Sánchez, Jaime. Haciendas y posesiones de la Compañía de Jesús en Venezuela: El Colegio de Caracas en el siglo XVIII. Sevilla: CSIC. 341 pp.
  • (2000) Carrero, Manuel. Cipriano Castro, el imperialismo y la soberanía nacional venezolana, 1895-1908. Caracas: BATT.

II. CAPÍTULOS EN LIBROS COLECTIVOS

  • (2006) Lugo Marmignon, Yariesa. “Arqueología de la memoria escrita. Requiem para un becerro”, en Casado, Manuel et al. (Comp) Escrituras silenciadas en la época de Cervantes. Universidad de Alcalá de Henares (España)-Universitá di Bologna (Italia). 499-510 pp.
  • (2003) Méndez Salcedo, Ildefonso. “Ramón J. Velásquez: una bibliografía selectiva”, en: AA/VV. Ramón J. Velásquez, estudios sobre una trayectoria al servicio de Venezuela. Caracas: Universidad Metropolitana; ULA-Táchira. 399-404 pp.

III. LIBROS

  • (2006) Hernández Contreras, Luis. Bodas de Oro de la Escuela de Música Santa Cecilia. Mérida: Esuela de Música Santa Cecilia. 328 pp.
  • (2006) González Escorihuela, Ramón. ¡Gómez único! Ezequiel Vivas y la consolidación del gomecismo. San Cristóbal: ULA. 198 pp.
  • (2006) AA/VV. Aurelio Ferrero Tamayo, último hidalgo tachirense. Mérida: Academia de Historia del Táchira. 96 pp.
  • (2006) Méndez Moreno, Ricardo. Páramo amigo. San Cristóbal: Litoformas. 99 pp.
  • (2005) Velásquez, Ramón J. La caída del liberalismo amarillo. Caracas: Norma. 510 pp.
  • (2005) González Romero, Jesús. Pensamiento y vicencias. San Cristóbal: Litoformas. 710 pp.
  • (2004) Ferrero de Romero, Cecilia. Memorias familiares. San Cristóbal: Arauco. 236 pp.
  • (2004) Santander. Gilberto et al. Grupos subversivos más allá y más acá de la frontera. San Cristóbal: Litoformas.
  • (2002) Rojas, Reinaldo. De Variquecemeto a Barquisimeto. Barquisimeto: Fundación Buría.
  • (2002) Durán, Reina. Adriana y sus andanzas. San Cristóbal: Litoformas.
  • (2001) Paredes, Pedro Pablo. Colombia en el corazón. San Cristóbal: Virgen de la Consolación. 186 pp.
  • (2000) Rojas Moreno, Fanny. La propiedad territorial en la antigua jurisdicción de La Grita. San Cristóbal: Litoformas.

IV. DISCURSOS

  • (2006) Villamizar Molina, J. J. Discurso de Orden en el Sesquicentenario de Creación de la Provincia del Táchira. San Cristóbal: Concejo Municipal de San Cristóbal.

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