Thursday, January 18, 2007

Pedro Pablo Paredes: "Escribir es para mí una necesidad perentoria"



Entrevista realizada por
Ildefonso Méndez Salcedo
ildefonsomendez@yahoo.com

EL MEDIO

Usted es un andino por los cuatro costados. Empecemos por referirnos a sus orígenes andinos.

Te recuerdo para comenzar que Ortega y Gasset hizo famosa una apreciación muy comentada que dice: el hombre no es solamente el hombre, es él y su circunstancia. De tal modo que, el hombre es hijo de su circunstancia. En el caso mío ocurre lo siguiente. Yo nací en La Raya, soy hombre fronterizo, y le voy a explicar por qué. Nací en una aldea que se llama La Raya, y se llama así, porque por su centro pasa el límite entre los Estados Trujillo y Mérida; es más, esa línea dividía a mi casa paterna en dos mitades, una trujillana y otra merideña. De esa casa había la misma distancia a la Mesa de Esnujaque que a Timotes, por lo que la gente de la aldea, se relacionaba para efectos jurídicos, comerciales o sociales, indiferentemente, o con la Mesa de Esnujaque o con Timotes, según la necesidad. En el caso particular de nuestra familia, estábamos relacionados con ambas localidades, aunque en mi caso, nací en la Mesa de Esnujaque, pero viví y me formé en Timotes.

Su vida en los Andes se distribuye en tres etapas, correspondiendo cada una de ellas a un Estado: Trujillo, Mérida y Táchira.

Así es. Le voy a dar algunas noticias. Concluí mi primaria en Timotes y empecé a pensar en la posibilidad de continuar mis estudios en otra parte. Me fui a Mérida interesado en las becas que ofrecía el Ministerio de Educación, para estudiar Educación Normal en San Cristóbal. Después de varios intentos y de un largo período de espera, me comunicaron que había sido elegido para estudiar becado en la Escuela Normal Federal de San Cristóbal, ciudad a la que llegué en noviembre de 1939. Allí estuve hasta que me gradué en 1943, de donde me enviaron a trabajar a escuelas del Estado Trujillo, sucesivamente en Valera, Escuque y Betijoque. En Mérida estuve poco, antes de venirme para San Cristóbal, trabajando y haciendo diligencias para continuar los estudios. Allí conocí el cine, que para mí fue un verdadero descubrimiento, vi películas de Gardel, que por entonces causaban furor, e igualmente, me dediqué a leer, en esos días circulaban mucho las obras de Vargas Vila, de modo que también las leí.

Esa imponente geografía andina ha influido notablemente en su sensibilidad creadora, en sus gustos literarios, dejando marcada huella en su obra como escritor.

Sí, es así, a tal punto que José Antonio Escalona Escalona me ha definido un poco en broma del modo siguiente. Ha dicho que yo soy hombre trujillano de nacimiento, cosa correcta, porque nací en la Mesa de Esnujaque; merideño de crecimiento, también cierto, porque crecí en Timotes; tachirense de sentimiento, que es verdad, pues he pasado gran parte de mi vida en San Cristóbal; y, colombiano de pensamiento, porque me formé intelectualmente hablando, leyendo autores colombianos, que eran los que predominaban en los Andes cuando estudiaba primaria y normal.

EL ESCRITOR

Háblenos de su primera formación, de sus estudios iniciales.

Me formé en Timotes, en una escuela que recuerdo con mucho cariño, con un maestro ejemplar, de esos que ya no existen en Venezuela, cuyo método, para mí inolvidable, era el siguiente: dedicaba la mañana exclusivamente a matemáticas y el resto del día a la lectura de libros modélicos, para que los muchachos perfeccionáramos la dicción y la entonación en la lectura en alta voz. Había que repetir y repetir hasta que el maestro quedara satisfecho, y además, preparar lecturas recitadas expuestas de memoria, que de manera obligatoria nos eran asignadas. Esto influyó definitivamente en mí, y ahora que el tiempo ha pasado y hago memoria, creo sin ninguna pedantería, que eso marcó en cierto modo mi vocación intelectual.

¿Qué lecturas y qué escritores influyeron inicialmente en Usted?

Yo entré a los clásicos por Cervantes, con El Quijote, que lo leí siendo todavía un niño. Me lo prestó una persona a la que siempre veía con un libro entre las manos sin saber cuál era, y uno de mis recuerdos más entrañables de esa época infantil, teniendo yo unos trece años, estando en quinto grado, es que me leí El Quijote verdaderamente deslumbrado por la narración, sin saltar página, de punta a punta, y sin tener la obligación de dar cuenta de eso en la escuela. Todo esto siendo un muchacho. Ahora, eso en cuanto al Quijote. Pero también me he nutrido y creo que han influido en mí, los clásicos españoles: Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, el mismo Cervantes con sus Novelas ejemplares, y más recientemente, Bécquer, la generación del 98, García Lorca, Azorín, Ortega y Gasset, en fin todos aquellos escritores españoles que hoy consideramos clásicos. Esto sin olvidar, claro está, a escritores de otras culturas, también importantes, como Víctor Hugo, Thomas Mann, Hermann Hesse y muchos otros.

¿Y qué nos dice de los escritores venezolanos?

Recuerdo que estudiando primaria, leíamos mucho a los autores andinos, bien fueran trujillanos, merideños o tachirenses, y también, a los colombianos, aunque preferentemente, a los merideños y colombianos. Después, por razones profesionales, es decir, de enseñanza, he trabajado mucho a los escritores venezolanos, hasta donde me ha sido posible, a la par de escritores de otros países. Ahora, debo resaltar el hecho de que mi formación es legítimamente andina, radicalmente andina. A lo cual se agrega, lo que he podido leer que no sea venezolano o colombiano, es decir, lo proveniente de la cultura francesa, portuguesa, alemana, etc. Aunque, en lo fundamental, mi formación es en lengua española.

Pasemos a su etapa sancristobalense. ¿Cuál era el ambiente intelectual a su llegada y en los primeros años de residencia en esta ciudad?

Yo llegué a San Cristóbal y me integré rápidamente a ella. Estando en la Normal, estudiando mi tercer año, ya me había hecho amigo de varios profesores, como Régulo Burelli Rivas, Manuel Osorio Velasco y otros más, y conocía a periodistas de algunos periódicos que había en esa época, como Vanguardia, ya desaparecido. El caso es que surgió la posibilidad de crear un grupo literario, y se creó el grupo Yunke en 1942. Recuerdo que las reuniones se hacían en la casa de Luis Felipe Ramón y Rivera, con la característica de ser alternativamente musicales y literarias, es decir, la gente iba y leía sus cosas, bien fueran artículos, ensayos o poemas, o si no, asistían con su guitarra o piano, y ejecutaban sus canciones. Allí fue donde se hizo famosa, al menos para nosotros, Ofelia Ramón, la mejor intérprete de la música típica tachirense que ha habido hasta nuestros días. Las sesiones eran medio musicales, medio literarias, y a veces estrictamente musicales o estrictamente literarias. Ese grupo tuvo la particularidad de que aglutinó a lo que después se comenzó a llamar la generación del 40, en el Estado Táchira, claro está, donde estábamos José Antonio Escalona Escalona, Aurelio Ferrero Tamayo, Carlos Sánchez Espejo, Manuel Osorio Velasco, Rafael María Rosales, Ramón J. Velásquez y algunos otros.

¿Qué papel jugó el grupo Yunke en las letras regionales y en las nacionales?

Jugó un papel si se pudiera decir pedagógico, pero teniendo presente que su mayor proyección fue en el ámbito regional. Curiosamente, como ocurrió en el resto del país, pero en el Táchira con mayor fuerza, tuvimos como padrinos espirituales a los poetas del grupo Piedra y Cielo, de Bogotá. El grupo Yunke también dio a conocer las primeras publicaciones, no muchas, claro está, de varios de sus integrantes. De ahí salió mi primer libro, que fue un cuaderno de poemas llamado Silencio de tu nombre, así como también, los primeros libros de Manuel Osorio Velasco, Régulo Burelli Rivas y algún otro. Recuerdo que nos reuníamos con frecuencia y trabajábamos de manera sistemática. Publicamos muchas páginas literarias en periódicos como Vanguardia y El Centinela. Estuvimos en contacto con otros grupos de Colombia, Argentina y México, coincidentes en el tiempo y generacionalmente. Con los años, al irnos graduando, nos fuimos dispersando, y esto acabó con el grupo. Pero, en fin, fue una linda experiencia que a todos nos marcó de algún modo.

¿Qué nos puede decir de la generación del 40, de la cual Usted forma parte?

La generación del 40 tuvo los siguientes puntos definitorios. Primero, se propuso volver a los clásicos, para reaccionar contra el surrealismo del grupo Viernes. Segundo, se propuso algo parecido a la generación del 18, es decir, ser hasta donde fuera posible, auténtica y rigurosamente venezolana, lo que creo se logró magníficamente en casos como el de Aquiles Nazca. Esa generación tiene nombres claves como Juan Beroes, Luz Machado, Luis Pastori, Ida Gramcko, Ana Enriqueta Terán y otros más.

Usted es un escritor a tiempo completo: ¿Por qué esa inclinación?

En pocas palabras, pienso que ese es un problema de vocación, de inclinación natural presente en mí; hay una necesidad perentoria de comunicación, de expresión, de creación, de drenaje íntimo, como decían los griegos.

LA OBRA

Su obra como escritor se reparte entre la poesía y el ensayo. Su poesía le canta a la naturaleza en sus más bellas manifestaciones y al mismo tiempo a la presencia humana, es decir, tanto al medio como al hombre. ¿Qué opina?

Eso es correcto, lo ratifico plenamente.

No ha escrito Usted, o no se ha interesado por escribir cuentos ni novelas. ¿Por qué?

Yo no he intentado dentro de mi obra escribir ni cuentos ni novelas. Son dos géneros que no están en mi órbita de creación. Eso sí, admiro y leo mucho a los narradores, sobre todo a los novelistas.

La región andina, vale decir, la montaña, recorre toda su obra. Llama la atención su preferencia por San Cristóbal, por su modo de sentirla y de soñarla.

Yo le debo a San Cristóbal todo, casi todo. Le debo dos cosas fundamentales en mi vida. Una, vine a aquí a hacerme profesional del magisterio, me gradué, trabajé aquí y en otros pueblos y ciudades del país, pero volví a San Cristóbal, donde me jubilé, de modo que mi carrera profesional se inicia y se cierra en esta ciudad. Otra, aquí publiqué mis primeros libros, y aunque se me ha dado a conocer también en otras ciudades, la mayor parte de lo que he publicado, formado por unos veinte títulos, lo he hecho en San Cristóbal o desde San Cristóbal, e inspirado centralmente en San Cristóbal. De tal modo que mi vida profesional se abrió y se cerró en esta ciudad, y en lo literario, también comenzó y aún se desarrolla en ella. Esos dos hechos revelan la relación entrañable que guardo con San Cristóbal.

En cuanto al ensayo, se ha ocupado de temas propios de la crítica literaria, de la historia, de la educación, de las artes, en fin, de eso que conocemos como cultura humanística. ¿Por qué ese interés?

La vida es un hervidero de incitaciones intelectuales, por donde quiera que uno se mete le surgen temas o posibilidades expresivas, características del desarrollo intelectual. El ensayo es una obra de naturaleza específicamente intelectual, es reflexivo. Que lo hace a uno pensar, pues, todas esas cosas que uno ve o recuerda, y que lo incitan a ponerlas en el papel para el lector del diario o del libro. En ese sentido, es el entorno o el medio, el que lo motiva o lo inspira a uno como escritor. Ahora, de acuerdo con la naturaleza de la incitación, uno queda en disponibilidad de tratar el tema por medio del corazón o de la sensibilidad, o por medio de la cabeza o de la inteligencia reflexiva.

Fuente: Ildefonso Méndez Salcedo, “Pedro Pablo Paredes: Escribir es para mi una necesidad perentoria”, en: Revista Nacional de Cultura, año LV, núm. 292-293, Caracas, enero-junio, 1994, pp. 235-241. Fotografía anexa: Pedro Pablo Paredes. Caracas, sin fecha, p. 234.

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