Thursday, January 04, 2007

Ramón J. Velásquez Mujica: Filósofo de la historia venezolana del siglo XX

Fotografía: Ramón J. Velásquez. Caracas, 1993. Fuente: Varios autores, Ramón J. Velásquez: Estudios sobre una trayectoria al servicio de Venezuela. Caracas: Universidad Metropolitana; Universidad de los Andes-Táchira, 2003, p. 227

José Pascual Mora García
Presidente de la Academia de Historia del Táchira


Discurso de presentación de la sesión solemne de la
Academia de Historia del Táchira en homenaje
al Dr. Ramón J. Velásquez Mujica.
San Cristóbal, 12 de diciembre de 2006.


El pensamiento de Ramón J. Velásquez ha sido abordado desde diferentes ángulos y vertientes pero no en su dimensión filosófica. Como una forma de saldar esa deuda me propongo pergeñar una aproximación a su filosofía de la historia venezolana. Porque, sin ambages, uno de los grandes filósofos de la historia venezolana del siglo XX es el tachirense Ramón J. Velásquez.

En Ramón J. Velásquez la filosofía de la historia venezolana puede ser decantada a partir de dos tipos de historiografía o formas de considerarla:

En primer lugar, a partir de su predilección por una historia inmediata, que consiste en la descripción de los acontecimientos de una época en particular, de ordinario, tiempos vividos por el escritor. Aquí se conjuga su vocación de periodista e historiador. Desde niño fue testigo del desarrollo de la historia inmediata a través de la prensa, pues su padre don Ramón Velásquez fue director de Diario Católico. Y luego su dilatada trayectoria en la prensa nacional, desde la época en que fue redactor de Últimas Noticias (1943-1944), allí trabajó junto a Francisco Kotepa Delgado, Sergio Antillano y Pedro Beroes. Luego fue reportero del diario El País (1944), y periodista en El Nacional desde 1945, diario que llegó a dirigir en dos oportunidades (1964-1968 y 1979-1983). Esto sin descontar su impresionante labor en las revistas y publicaciones periódicas a nivel nacional. En el análisis de su obra que hace Roberto J. Lovera De Sola nos revela esta facultad al señalar que “no es fácil ser historiador de lo contemporáneo. Mucho más arriesgado es trazar el cuadro de los acontecimientos cuando no sólo se ha sido coetáneo de sucesos sino cuando además se ha participado en ellos. Es arduo ser actor e intérprete de hechos cercanos (…) Escribir historia del presente en Venezuela siempre ha sido tarea ingrata. (…) Esta es la labor que han tomado muy en serio algunos historiadores venezolanos quienes saben el riesgo que implica escribir historia del presente desde el presente, pero quienes están conscientes del servicio que obras como estas prestan. Uno de estos trabajos sobre la vida venezolana en este siglo, que nos presenta la peripecia venezolana entre 1922-1976, es el que publicó el historiador Velásquez. Nos referimos a sus Aspectos de la evolución política de Venezuela en el último medio siglo.” (Lovera De Sola, 2003: 91-92).

Ramón J. Velásquez se inscribe entre los historiadores que han sido capaces de insertar su obra en la difícil conjunción de la temporalidad. Por igual trabaja el tiempo estructural como el tiempo coyuntural, o tiempo de la historia inmediata. En su obra Los pasos de los héroes (1981) expone su comprensión de la historia y nos revela su agudeza para su definición de la historia, al decir: “la historia no es futurología, ni paleontología. Pero sí brinda al investigador, al estudiante y al curioso impertinente, los elementos de información y juicio para poder adivinar entre las sombras de la madrugada qué es el futuro, los posibles pasos de una comunidad que vive en un escenario tradicional y tiene hábitos mentales, usos y costumbres que perduran por encima del cambio de las modas.” (Velásquez, 1981: XVI).

Nos enseña magistralmente que la historia no solo remite al estudio del tiempo pretérito, y este deslinde ha sido especialmente explicado en la historiografía francesa, al interno de la Escuela de Annales, por el francés Fernand Braudel quien acuñó la historia del tiempo en una trilogía: tiempo de larga duración (tiempo estructural), tiempo de mediana duración, y tiempo del acontecimiento (tiempo coyuntural).

En esta dirección nos recuerda Paul Ricoeur (2003) que “la historia de lo contemporáneo, llamada también historia del tiempo presente, constituye un notable observatorio para evaluar las dificultades que surgen entre la interpretación y la búsqueda de la verdad en historia.” (Ricoeur, 2002: 445). Por eso el concepto de historia inmediata ha sido uno de los conceptos incorporados por la historiografía actual. El término histoire immédiate lo introdujo Jean Lacouture en la década del sesenta del siglo XX, y especialmente ha sido desarrollado por el grupo de historiadores de Historia a Debate en la Universidad Santiago de Compostela, bajo la coordinación del Dr. Carlos Barros.

La facultad que ha tenido Ramón J. Velásquez por escribir la historia inmediata lo define, según Pedro Grases, como “un espíritu vigilante”, por eso “Toda República necesita de espíritus vigilantes que sepan y se atrevan a formular sus advertencias para el bien común. Este es el papel que el Dr. Velásquez se ha impuesto a sí mismo como primera obligación.” (Grases, 2003: 65).

En segundo lugar, hay en su obra una historia reflexiva, cuyo carácter consiste en trascender el presente, la exposición de los hechos no son referencia a un tiempo en particular sino que remiten al imaginario social; en este sentido, su obra cumbre es Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez (1979).

Esta vertiente es el nervio central de su obra, y se divide en varias ramas, según los métodos históricos, así tendríamos: una filosofía de la historia general, en donde aborda los acontecimientos de la historia política venezolana teniendo como telón de fondo la vida de Antonio Paredes (1869-1907); en este caso sobresale su trascendental obra La caída del liberalismo amarillo: tiempo y drama de Antonio Paredes (1972). Esta obra divide la comprensión de la historia venezolana del siglo XIX en un antes y un después, incluso superando a autores tan connotados como Ramón Díaz Sánchez y Mariano Picón Salas.

Seguidamente aparece la rama de la filosofía de la historia pragmática, en la que la historia tiene fines didácticos o moralizantes, destacamos aquí su iniciativa en rescatar la memoria de nuestro país desde la Secretaría de la Presidencia de la República, especialmente con la fundación del Archivo Histórico de Miraflores en 1959, obra de la cual quedó el Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, acompañados de sus epígrafes.

Le sigue la rama de la filosofía de la historia crítica, en donde perfila el juicio de la historia al estilo marcblochiano de “abordar el pasado por el presente y el presente por el pasado.” En este punto tenemos que decir que Ramón J. Velásquez trasciende de la historia erudita, tan de moda en su tiempo, y toma partido por la historia crítica, contribuyendo así al análisis crítico de la historiografía venezolana. La obra paradigmática en este punto es su discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia, cuyo título es: La obra histórica de Caracciolo Parra Pérez (1971), texto que luego publicó en sus Individuos de Número (2002). En esta obra se nos revela, por encima de todo, como un filósofo de la historia de herencia kantiana, al conectar el acontecimiento de lo local pero sin perder la visión de lo universal. Sin duda podemos decir que es un neokantiano, pues apela al auflarung kantiano, y nos recuerda la obra cumbre del filósofo alemán Manuel Kant: Ideas de la historia desde un punto de vista cosmopolita. Su filosofía de la historia permite decir que “la historia que dejó escrita Parra Pérez no fue en absoluto una obra aldeana sino que constituye una labor, un intento tesonero, de situar nuestra evolución como pueblo en la historia universal. Su obra huye por lo tanto del localismo, del regionalismo, que es por otra parte, un mal, que pesa todavía sobre muchos de los estudios que sobre historia, o literatura, se escriben entre nosotros.” (Lovera De Sola, 2003: 113). Ramón J. Velásquez asume que el plan de historia humana no puede ser más que la consecución de una comunidad universal que comprenda bajo una misma legislación a todos los pueblos y garantice el desarrollo completo de las capacidades humanas.

También insertamos dentro de la categoría de la filosofía de la historia crítica sus variadas series de colecciones, destacamos sus colecciones acompañado de Manuel Pérez Vila y Pedro Grases, en especial, la colección del Pensamiento Político Venezolano del Siglo XIX; colección Nuestro Siglo XIX; colección Venezuela Peregrina; colección Documentos que hicieron Historia; la colección de la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, y su esfuerzo por incentivar las colecciones de la Biblioteca de Autores y Temas Trujillanos, Monaguenses y Anzoatiguenses.

Y por último una filosofía de la historia especial, en donde decanta una filosofía del arte, de la cultura, del derecho, en esas distintas esferas de la vida de un pueblo en un nexo con la universalidad. Y he aquí la sabiduría de este pensador de la historia, porque más que un historiador es un pensador de la historia; he aquí la dimensión que lo define como filósofo de la historia. Es un titán viviente de la estirpe de los intelectuales que nos legó el siglo XX; su nombre estará junto a los de Arturo Uslar Pietri, Mario Briceño Iragorry, Mariano Picón Salas, Luis Beltrán Prieto Figueroa y la intelligentsia venezolana. Su trazo no se reduce simplemente a modelar la llamada Historia Patria, ni sólo a contar lo local o a recrear el acontecimiento sino que arriesga sus propias ideas con un sentido fundante, es decir, sabe dar de qué o cuál historia, y cómo se construye la historia, porque ha sido actor y conoce todas las patologías sociales sobre las cuales se funda. Igualmente deslinda la supuesta neutralidad valorativa con que algunos historiadores pretenden contar la historia, toma partido y se compromete; no es pues un eunuco ideológicamente hablando, para decirlo con palabras de Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Y finalizamos este esbozo sobre sus obras señalando que quizá la semilla por la filosofía de la historia fuera sembrada por Caracciolo Parra León, su profesor de filosofía en el Liceo Andrés Bello en Caracas, a quien acompañaba luego de sus clases hasta su casa, y en la que confiesa que fueron mucho más provechosas esas conversaciones para su formación que las mismas clases. También tenemos que agregar que su entorno familiar fue clave para su compresión de la historia; en donde, indudablemente su padre Ramón Velásquez ejerció un rol protagónico junto a doña Regina Mujica de Velásquez, quien se dedicó por entero al magisterio: medio siglo de su vida estuvo dedicada al servicio de la enseñanza y a la fundación de diversos centros de formación docente en el Estado Táchira.

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